La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha resultado ser el chivo expiatorio de la pandemia del COVID-19.

Estados Unidos y Europa hicieron caso omiso a las insistentes advertencias de la OMS sobre la necesidad de tomar medidas de prevención y aislamiento para evitar la propagación del Sars-CoV-2 cuando detectó el brote en Wuhan en el mes de enero.

Tres meses y 42.500 muertos después, el presidente estadounidense Donald Trump ha negado cualquier responsabilidad en su respuesta sanitaria tardía ante un tsunami viral que se aproximaba con fuerza y al que restó importancia.

Trump ha preferido alegar que el máximo organismo sanitario mundial encubrió información de lo que estaba ocurriendo en China. Y como castigo de la presunta falla, anunció la suspensión del aporte de Estados Unidos para financiar importantes programas en las regiones más pobres del mundo.

Los ataques políticos sobre el manejo de la pandemia es sólo uno de los frentes abiertos para la OMS. 

Miles de científicos financiados por la OMS trabajan en investigaciones sobre el control del consumo del tabaco y drogas, VIH/Sida, enfermedades tropicales, cáncer, salud mental, tratamiento de aguas, control de la contaminación del aire, salud reproductiva, hepatitis, tuberculosis, nutrición, enfermedades cardiovasculares, diabetes, entre otras patologías y problemas que afectan a grandes sectores de la población.

Sus equipos de respuesta rápida han actuado para contener 32 emergencias sanitarias entre enero y abril del 2020. En el 2019, supervisó y ayudó a contener 60 epidemias. Además del COVID-19, entre las más recientes se encuentran brotes de fiebre amarilla, ébola y MERS-CoV.

La fiebre amarilla

El 18 de abril, la OMS confirmó que en la República de Sudán del Sur hay casos activos de fiebre amarilla, una enfermedad hemorrágica viral aguda que se transmite por mosquitos infectados, puede propagarse con rapidez y tiene el potencial de tener un grave impacto en el sistema sanitario. 

La OMS clasificó a Sudán del Sur como un país de alto riesgo, en el marco del programa Eliminar las Epidemias de Fiebre Amarilla (EYE, según sus siglas en inglés), para apoyar a 40 países de África y las Américas donde el virus es endémico.

La buena noticia es que existe la vacuna de la fiebre amarilla, que es el principal mecanismo de controlar y prevenir la enfermedad. Y cuando una persona es vacunada contra la fiebre amarilla, la inmunidad dura toda la vida.

Pero en el Condado Kajo Keji, donde se encuentran los casos, la inmunidad es cercana al 0% porque la población no está vacunada.  Es decir, todos pudieran contagiarse y no existe un tratamiento antivírico una vez que una persona contrae la enfermedad.

Los expertos de la OMS están diseñando programas de vacunación con las autoridades sudanesas y alertan a todos los viajeros internacionales mayores de 9 meses de edad a vacunarse antes de viajar.

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