Millones de familias en Iberoamérica enfrentan el desafío de educar a sus niños en sus hogares para cumplir con las órdenes de confinamiento de pandemia del COVID-19, aunque no cuentan con la preparación académica ni las herramientas para lograrlo.

Uno de los pocos países con experiencia en una situación similar es México, que en 2009 se vio obligado a suspender las actividades durante 15 días para controlar la propagación de la influenza AH1N1.

Todo parece indicar que ese amargo episodio no sirvió de escarmiento y que el nuevo coronavirus agarró otra vez desprevenidas a las autoridades mexicanas, quienes tienen la responsabilidad de garantizar el derecho fundamental a la educación a 36 millones de estudiantes.

El presidente Andrés Manuel López Obrador dio un vuelco a la enseñanza de un país geográficamente vasto y profundamente desigual con una reforma educativa que derogó iniciativas pasadas, incluyó la formación en valores, y estableció la obligatoriedad de la educación superior.

AMLO también estableció medidas para garantizar la equidad de la educación, ofrecer la alimentación en las zonas vulnerables y becas para los estudiantes en desventaja económica.

Pero al no diseñar un plan estratégico nacional de educación a distancia para momentos en crisis y no fortalecer las plataformas de educación digital, la población con menores recursos quedará excluida de la enseñanza durante la pandemia del COVID-19.

El académico Alejandro Enríquez Torres dijo a Expansión que el gobierno federal se enfocó más en cuestiones políticas que en los procesos de enseñanza-aprendizaje  y por eso «ahora la contingencia nos sorprende».

La falta de previsión hizo que muchos alumnos dejaran sus útiles en la escuela. Se cree que buena una parte de los 176 millones de libros de texto que el gobierno distribuyó a comienzo del año escolar permanecen inaccesibles dentro de los planteles.

Una de las estrategias anunciadas por la Secretaría de Educación Pública (SEP) para que el alumnado siga estudiando es el programa «Aprende en Casa», que se transmite el canal 11.2 de televisión abierta, de lunes a viernes.

Esa solución luce insuficiente en un país donde unos 7 millones de niños en edad de asistir a la educación básica viven en localidades rurales sin acceso a internet.

Los que mejor aprovecharán las medidas actuales serán los alumnos de las zonas urbanas de clase media, con padres con una escolaridad suficiente para ayudar a sus hijos. Aunque los expertos advierten que los padres pueden ayudar a sus hijos a estudiar pero no pueden suplir permanentemente la función de un docente.

Desigualdad argentina

La situación en Argentina no es más alentadora. La posibilidad cada vez más real de que los 11 millones de estudiantes argentinos de educación preescolar, primaria y media no regresen a las aulas y deban continuar el curso de manera remota, perjudica especialmente a las familias con menos ingresos y de sectores rurales.

El Ministro de Educación, Nicolás Trotta, ha dejado claro que aún falta para que los niños vuelvan a sus escuelas. «Se reanudarán cuando la OMS (Organización Mundial de la Salud) asegure que no hay ningún riesgo para las familias», dijo el miércoles 8 de abril a una emisora local.

Se alarga así la interrupción de las actividades escolares, que comenzaron el 20 de marzo cuando el presidente Alberto Fernández decretó una estricta cuarentena a nivel nacional.

Argentina intentará equilibrar la brecha entre los estudiantes sin recursos ni acceso a la tecnología y los hiperconectados chicos urbanos de clase media alta con la transmisión de programas educativos por internet, radio y televisión.

Trotta explicó al diario Clarín que ya comenzaron la emisión del programa Seguimos Educando, «con 14 horas de TV diarias y 7 horas de programación radial para abarcar la educación rural» y la distribución de 7 millones de cuadernos.

El ministro pidió solidaridad a los propietarios de los colegios privados para que difieran los pagos de las matriculas escolares, que en muchos hogares de clase media representan un alto porcentaje del presupuesto familiar.

«I don´t speak English»

La población hispana en Estados Unidos ha sido golpeada con fuerza por el coronavirus. Las primeras estadísticas divulgadas sobre los fallecimientos  en Nueva York han indicado que el 34% de las víctimas fatales son latinos.

El COVID-19 también amenaza la enseñanza de los niños migrantes cuyos padres no hablan inglés. El proceso de adquisición del lenguaje suele ser rápido en los estudiantes de educación básica debido a la exposición constante al nuevo idioma en las aulas, a la interacción con los compañeros y a los programas de adaptación para los alumnos extranjeros.

Pero la situación cambia cuando los muchachos deben seguir el ritmo de la enseñanza online en un hogar donde los padres no hablan inglés.

Cifras recientes del Departamento de Educación de Estados Unidos señalan que el 10 por ciento de los estudiantes de las escuelas públicas están en el proceso de aprender inglés. Eso indica que casi 5 millones de niños y jóvenes hispanos tendrán dificultades para seguir las instrucciones a distancia impartidas por sus educadores.

Investigadores han señalado que el cierre de las escuelas por la pandemia actuará un proceso recurrente conocido como «el retroceso del verano», en el que los estudiantes pierden habilidades lingüísticas cuando pasan las vacaciones escolares comunicándose en otros idiomas.

La estrategia colombiana

Colombia no está preparada para continuar el año escolar mediante la educación a distancia porque menos del 37 por ciento de los diez millones de estudiantes de los colegios públicos no tienen un ordenador y conexión a internet en sus hogares, reveló la revista Semana.

Luz Karime Abadía, del Laboratorio de Economía de la Educación (LEE), de la Universidad Javeriana, declaró: “Esto muestra, claramente, que en el país nos falta la dotación tecnológica para asumir una situación así”.

La Secretaría de Educación de Bogotá ha preparado el programa «Aprende en casa» para los 800.000 estudiantes de colegios públicos de Bogotá, aunque no queda claro cómo resolverán los problemas de acceso a la tecnología en las barriadas populares o si esa iniciativa será replicada en el resto del país.

Las autoridades educativas colombianas asumen que se encuentran e un período de adaptación y fortalecimiento de las capacidades tecnológicas y que les hace falta reorientar las estrategias pedagógicas para que los niños aprenda con esas herramientas.

“Estamos implementando el uso de nuevas tecnologías, en articulación con sus entidades aliadas, dirigidas a la comunidad educativa, para orientar el uso pedagógico de las plataformas Moodle y Microsoft Teams. Igualmente, para enriquecer las posibilidades de trabajo exploratorio, autónomo y de profundización, el Portal Red Académica cuenta con más de 600 contenidos digitales que pone a disposición de estudiantes, docentes, familias y cuidadores”, dijo que Edna Bonilla, secretaria de Educación de la capital.

Chile digital

Quizá uno de los países iberoamericanos mejor preparados para enfrentar los desafíos de la educación digital en tiempos de coronavirus es Chile, que también suspendió las actividades, modificó el calendario educativo y ya tiene disponible los textos escolares del primero al doceavo grado de educación básica en internet.

Manuel Alcaino, consultor de educación del BID en Chile,  explicó que la conectividad es alta, especialmente en los dispositivos móviles.

Las autoridades chilenas han tomado medidas adicionales para las poblaciones geográficamente distantes o vulnerables, como la repartición física de libros y la reorganización de las canastas de alimentos.

Por eso fue tan previsible el colapso de las plataformas educativas de las comunidades autónomas cuando comenzó el estado de alarma el 15 de marzo. En la Comunidad de Madrid, el correo de la plataforma Educa Madrid colapsó de tal manera que era necesario ingresar muy temprano en la mañana o tarde en la noche para acceder a los correos con el listado de deberes escolares.

Padres y niños, acostumbrados al subrayado de textos físicos como la herramienta nemotécnica básica, se encontraron desarmados ante una nueva manera de aprender, en la que la alfabetización tecnológica es vital.

El impacto del COVID-19 ha sido tan devastador que no aún no se sabe si los alumnos regresarán al colegio a cursar la recta final de un año lectivo que termina en junio. Por lo pronto, el Consejo Escolar del Estado se ha negado a seguir los pasos de Italia, que aprobó el curso a todos los estudiantes. Muchas familias han desafiado la medida, alegando que se deja a un lado a los vulnerables.

En España, los alumnos tendrán el desafío de ser evaluados a distancia, aunque muchos no estén familiarizados con las herramientas y existan familias que no tienen ordenadores en sus hogares.

Volver al futuro

Los padres que sienten angustia porque no saben cómo ayudar a sus hijos a cumplir con los objetivos escolares desde casa tienen que saber que no están solos.  Unos 1.500 millones de estudiantes de 159 países se quedaron de la noche a la mañana fuera de las aulas y se verán forzados a aprender de una manera diferente, indicó la Unesco.

En Iberoamérica uno de los casos más extremos lo tiene Venezuela. Antes del comienzo de esta crisis mundial ya atravesaba una emergencia humanitaria compleja, en la que el 59% de los hogares no tenían los recursos necesarios para comer.

Aunque el gobierno de Nicolás Maduro ya suspendió las clases presenciales hasta el próximo año escolar, organizaciones de derechos civiles han denunciado que es imposible continuar la educación a distancia porque el 44% por ciento del territorio no tiene conexión a internet y el 56% restante tiene un servicio precario. Otro dato es que en varios estados apenas reciben pocas horas de energía eléctrica.

Ese panorama dista mucho de la situación de sus socios chinos, que para el 2 de febrero ya tenían 22 poderosas plataformas digitales con 24.000 cursos en línea, de los cuales unos 400 eran aulas experimentales de simulación virtual.

Pero dejando a un lado esos dos extremos de la compleja situación de la educación digital, está claro que los afortunados con internet y al menos un dispositivo móvil, en cualquier país del mundo, deberían aprovechar el confinamiento para experimentar y probar las herramientas de educación a distancia.

La crisis del COVID-19 agarró al mundo desprevenido y para nadie será un año normal.

Las comunidades educativas que tomen esta contingencia como una oportunidad para fortalecer sus plataformas digitales no sólo estarán preparadas si el mundo vuelve a vivir otra pandemia, sino que desarrollarán recursos educativos que enriquezcan la insustituible relación entre los alumnos y los maestros.

Nota publicada originalmente en Yahoo Noticias.